Bienvenidos al Blog de la Iglesia Metodista Pentecostal de Chile en Talagante
Nuestra iglesia está ubicada en la calle San francisco 812 (frente a la comisaría de carabineros), en la comuna de Talagante. Más información mirar sección Links de intéres.
miércoles, 29 de septiembre de 2010
Aniversario de nuestra iglesia
Recuerden que nuestra iglesia en el proximo mes de Octubre cumple 10 años de vida aqui en Talagante.
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Avisos hermanos voluintarios
El sabado 5 de octubre viajan nuestros hermanos voluntarios a la comuna de lo Prado a las 15.00 horas a un encuentro de voluntarios correspondiente al sector 7.
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martes, 21 de septiembre de 2010
La Doctrina de la Justificación por Fe
¿Cuál es el significado de justificación? Los teólogos los confundirán, si les preguntan. Voy a hacer mi mejor esfuerzo para explicar la justificación de manera sencilla y simple, para que me entienda inclusive un niñoNo hay tal cosa como una justificación que pueda ser obtenida en la tierra por los hombres, excepto de una sola manera.
La justificación, ustedes saben, es un término forense; siempre es empleado en un sentido legal. Un prisionero es traído al tribunal de justicia para ser juzgado. Sólo hay una forma en que ese prisionero puede ser justificado; esto es, no debe ser encontrado culpable; y si no es encontrado culpable, entonces es justificado: esto es, se ha demostrado que es un hombre justo. Si ese hombre es encontrado culpable, no puede ser justificado. La Reina puede perdonarlo, pero ella no puede justificarlo. Sus hechos no son justificables, si fuera culpable de ellos; y él no puede ser justificado por ellos. Puede ser perdonado; pero ni la realeza misma podría jamás lavar el carácter de ese hombre. Es tan criminal cuando es perdonado como lo era antes de ser perdonado. No hay ningún medio entre los hombres de justificar a un hombre de una acusación que es levantada en su contra, excepto cuando se demuestra que no es culpable. Ahora, la maravilla de maravillas es que se ha demostrado que somos culpables, y sin embargo somos justificados: se ha leído el veredicto en contra nuestra de: culpables; y sin embargo, a pesar de ello, somos justificados. ¿Podría algún tribunal terrenal hacer eso? No, la redención de Cristo logró eso que es una imposibilidad para cualquier tribunal de la tierra.
Todos nosotros somos culpables. Lean el versículo 23 que precede inmediatamente al texto: "por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios." Allí es presentado el veredicto de culpables, y sin embargo inmediatamente después se dice que somos justificados gratuitamente por Su gracia.Ahora, permítanme explicarles cómo justifica Dios al pecador. Voy a suponer un caso imposible. Un prisionero ha sido juzgado y condenado a muerte. Él es un hombre culpable; él no puede ser justificado porque es culpable. Pero ahora, supongan por un momento que pudiera ocurrir algo así: que alguien más pudiera participar, y que pudiera asumir toda la culpa de ese hombre, que pudiera ponerse en su lugar y por algún proceso misterioso, que por supuesto es imposible entre los hombres, se convirtiera en ese hombre; o tomara sobre sí el carácter de ese hombre; él, el hombre justo, pone al rebelde en su lugar, y convierte al rebelde en un hombre justo. Nosotros no podemos hacer eso en nuestras cortes. Si yo me presentara ante un juez, y él decidiera que debe encarcelarme durante un año en vez de un desgraciado que fue condenado ayer a un año de prisión, yo no podría asumir su culpa. Podría sufrir su castigo, pero no podría llevar su culpa. Ahora, lo que la carne y la sangre no pueden hacer, eso hizo Jesucristo mediante Su redención.
Aquí estoy yo, el pecador. Yo me refiero a mí mismo como representando a todos ustedes. Estoy condenado a muerte. Dios dice: "Voy a condenar a ese hombre; debo, quiero y lo voy a castigar." Cristo interviene, me hace a un lado, y se pone en mi lugar. Cuando se pide que hable el reo, Cristo dice: "Culpable;" y hace que mi culpa sea suya. Cuando se va a aplicar el castigo, Cristo se presenta. Dice: "castígame a Mí," "he puesto mi justicia en ese hombre, y Yo he tomado sobre Mí los pecados de ese hombre. Padre, castígame a Mí y considera a ese hombre como si fuera Yo. Deja que él reine en el cielo; y que yo sufra sus miserias. Déjame que Yo soporte su maldición, y que él reciba mi bendición." Esta maravillosa doctrina del intercambio de lugares entre Cristo y los pobres pecadores, es una doctrina de revelación, pues no habría podido ser concebida por la naturaleza humana.
Permítanme que lo explique de nuevo, no sea que no quedó muy claro. La forma en que Dios salva a un pecador no es, como dicen algunos, ignorando el castigo. No; el castigo ha sido cumplido por completo. Es colocando a otra persona en el lugar del rebelde. El rebelde debe morir; Dios dice que debe morir. Cristo dice: "Yo seré el sustituto del rebelde. El rebelde tomará mi lugar y Yo tomaré el suyo." Dios consiente a esto. Ningún monarca de la tierra tendría poder para dar su consentimiento a un cambio así. Pero el Dios del cielo tenía el derecho de hacer lo que Él quisiera. En su infinita misericordia dio su beneplácito al arreglo. "Hijo de mi amor," dijo, "debes colocarte en el lugar del pecador; debes sufrir lo que correspondía sufrir a él; debes ser considerado culpable, tanto como él fue considerado culpable; y después voy a ver al pecador bajo otra luz. Lo veré como si fuera Cristo; lo aceptaré como si fuera mi unigénito Hijo, lleno de gracia y de verdad. Le daré una corona en el cielo y lo llevaré en Mi corazón por toda la eternidad." Esta es la forma en que somos salvados, "siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús."
Y ahora proseguimos a explicar algunas de las características de esta justificación. En el momento en que un pecador arrepentido es justificado, recuerden, él es justificado en relación a todos sus pecados. He aquí un hombre plenamente culpable. En el instante en que cree en Cristo, recibe su perdón de inmediato, y sus pecados ya no son más suyos; son arrojados a las profundidades del mar. Fueron puestos sobre los hombros de Cristo y han desaparecido. Ahora es un hombre justo a los ojos de Dios, y acepto en el Amado. "¡Cómo!", dicen, "¿quieres decir eso literalmente?" Así es, en efecto. Esa es la doctrina de la justificación por la fe.
Tomado de: La Justificación por Gracia, Sermón No.126 del Púlpito de la Capilla New Park Street.Charles Spurgeon Leer más...
La justificación, ustedes saben, es un término forense; siempre es empleado en un sentido legal. Un prisionero es traído al tribunal de justicia para ser juzgado. Sólo hay una forma en que ese prisionero puede ser justificado; esto es, no debe ser encontrado culpable; y si no es encontrado culpable, entonces es justificado: esto es, se ha demostrado que es un hombre justo. Si ese hombre es encontrado culpable, no puede ser justificado. La Reina puede perdonarlo, pero ella no puede justificarlo. Sus hechos no son justificables, si fuera culpable de ellos; y él no puede ser justificado por ellos. Puede ser perdonado; pero ni la realeza misma podría jamás lavar el carácter de ese hombre. Es tan criminal cuando es perdonado como lo era antes de ser perdonado. No hay ningún medio entre los hombres de justificar a un hombre de una acusación que es levantada en su contra, excepto cuando se demuestra que no es culpable. Ahora, la maravilla de maravillas es que se ha demostrado que somos culpables, y sin embargo somos justificados: se ha leído el veredicto en contra nuestra de: culpables; y sin embargo, a pesar de ello, somos justificados. ¿Podría algún tribunal terrenal hacer eso? No, la redención de Cristo logró eso que es una imposibilidad para cualquier tribunal de la tierra.
Todos nosotros somos culpables. Lean el versículo 23 que precede inmediatamente al texto: "por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios." Allí es presentado el veredicto de culpables, y sin embargo inmediatamente después se dice que somos justificados gratuitamente por Su gracia.Ahora, permítanme explicarles cómo justifica Dios al pecador. Voy a suponer un caso imposible. Un prisionero ha sido juzgado y condenado a muerte. Él es un hombre culpable; él no puede ser justificado porque es culpable. Pero ahora, supongan por un momento que pudiera ocurrir algo así: que alguien más pudiera participar, y que pudiera asumir toda la culpa de ese hombre, que pudiera ponerse en su lugar y por algún proceso misterioso, que por supuesto es imposible entre los hombres, se convirtiera en ese hombre; o tomara sobre sí el carácter de ese hombre; él, el hombre justo, pone al rebelde en su lugar, y convierte al rebelde en un hombre justo. Nosotros no podemos hacer eso en nuestras cortes. Si yo me presentara ante un juez, y él decidiera que debe encarcelarme durante un año en vez de un desgraciado que fue condenado ayer a un año de prisión, yo no podría asumir su culpa. Podría sufrir su castigo, pero no podría llevar su culpa. Ahora, lo que la carne y la sangre no pueden hacer, eso hizo Jesucristo mediante Su redención.
Aquí estoy yo, el pecador. Yo me refiero a mí mismo como representando a todos ustedes. Estoy condenado a muerte. Dios dice: "Voy a condenar a ese hombre; debo, quiero y lo voy a castigar." Cristo interviene, me hace a un lado, y se pone en mi lugar. Cuando se pide que hable el reo, Cristo dice: "Culpable;" y hace que mi culpa sea suya. Cuando se va a aplicar el castigo, Cristo se presenta. Dice: "castígame a Mí," "he puesto mi justicia en ese hombre, y Yo he tomado sobre Mí los pecados de ese hombre. Padre, castígame a Mí y considera a ese hombre como si fuera Yo. Deja que él reine en el cielo; y que yo sufra sus miserias. Déjame que Yo soporte su maldición, y que él reciba mi bendición." Esta maravillosa doctrina del intercambio de lugares entre Cristo y los pobres pecadores, es una doctrina de revelación, pues no habría podido ser concebida por la naturaleza humana.
Permítanme que lo explique de nuevo, no sea que no quedó muy claro. La forma en que Dios salva a un pecador no es, como dicen algunos, ignorando el castigo. No; el castigo ha sido cumplido por completo. Es colocando a otra persona en el lugar del rebelde. El rebelde debe morir; Dios dice que debe morir. Cristo dice: "Yo seré el sustituto del rebelde. El rebelde tomará mi lugar y Yo tomaré el suyo." Dios consiente a esto. Ningún monarca de la tierra tendría poder para dar su consentimiento a un cambio así. Pero el Dios del cielo tenía el derecho de hacer lo que Él quisiera. En su infinita misericordia dio su beneplácito al arreglo. "Hijo de mi amor," dijo, "debes colocarte en el lugar del pecador; debes sufrir lo que correspondía sufrir a él; debes ser considerado culpable, tanto como él fue considerado culpable; y después voy a ver al pecador bajo otra luz. Lo veré como si fuera Cristo; lo aceptaré como si fuera mi unigénito Hijo, lleno de gracia y de verdad. Le daré una corona en el cielo y lo llevaré en Mi corazón por toda la eternidad." Esta es la forma en que somos salvados, "siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús."
Y ahora proseguimos a explicar algunas de las características de esta justificación. En el momento en que un pecador arrepentido es justificado, recuerden, él es justificado en relación a todos sus pecados. He aquí un hombre plenamente culpable. En el instante en que cree en Cristo, recibe su perdón de inmediato, y sus pecados ya no son más suyos; son arrojados a las profundidades del mar. Fueron puestos sobre los hombros de Cristo y han desaparecido. Ahora es un hombre justo a los ojos de Dios, y acepto en el Amado. "¡Cómo!", dicen, "¿quieres decir eso literalmente?" Así es, en efecto. Esa es la doctrina de la justificación por la fe.
Tomado de: La Justificación por Gracia, Sermón No.126 del Púlpito de la Capilla New Park Street.Charles Spurgeon Leer más...
martes, 14 de septiembre de 2010
Articulo "Nuestro bicentenario" escrito por nuestro pastor en "El Talagantino"
Dios nos ha permitido nacer en una tierra generosa, recorrida por un mar y cordillera de norte a sur, vivmos en un lugar de privilegio todos los climas y paisajes naturales los encontramos en este hermoso y variado país.
Al recorrer nuestra historia, encontramos en nuestros antepasados, valores de espíritu muy profundo por ejemplo amor por el prójimo, amor por la tierra que les vio nacer y una visión muy especial de aproximación a valores supremos de creencia en su ser superior llamado Dios, en el cual depositaron su fe y confianza, proyectando valores de solidaridad y amor por nuestra tierra. Esta fe superior de la cual está empapada nuestra tierra nos ha permitido salir airosos de las grandes pruebas que la vida nos ha propuesto, con la ayuda del Dios todopoderoso vamos saliendo de un gran terremoto, unimos nuestras oraciones a las familias mineras del norte de nuestro país "Chile está vivo" somos una familia, hemos logrado superar nuestra diferencias, nos unimos en el dolor y en el triunfo; somos un país creyente y sensible, pertenecemos a una comuna pujante y visionaria: tenemos fe, amor y solidaridad muy especialmente por los que más sufren y juntos podemos decir ¡Mes de Septiembre, mes de la patria, bienvenido bicentenario¡ Y que el gran amor de Dios inunde cada espacio y rincón de Chile amado y conceda a nuestras autoridades la claridad y la paz en cada una sus decisiones que deben tomar en bien de la comunidad.
Celebremos juntos en respeto y en el amor de Dios. "Viva Chile". Leer más...
Al recorrer nuestra historia, encontramos en nuestros antepasados, valores de espíritu muy profundo por ejemplo amor por el prójimo, amor por la tierra que les vio nacer y una visión muy especial de aproximación a valores supremos de creencia en su ser superior llamado Dios, en el cual depositaron su fe y confianza, proyectando valores de solidaridad y amor por nuestra tierra. Esta fe superior de la cual está empapada nuestra tierra nos ha permitido salir airosos de las grandes pruebas que la vida nos ha propuesto, con la ayuda del Dios todopoderoso vamos saliendo de un gran terremoto, unimos nuestras oraciones a las familias mineras del norte de nuestro país "Chile está vivo" somos una familia, hemos logrado superar nuestra diferencias, nos unimos en el dolor y en el triunfo; somos un país creyente y sensible, pertenecemos a una comuna pujante y visionaria: tenemos fe, amor y solidaridad muy especialmente por los que más sufren y juntos podemos decir ¡Mes de Septiembre, mes de la patria, bienvenido bicentenario¡ Y que el gran amor de Dios inunde cada espacio y rincón de Chile amado y conceda a nuestras autoridades la claridad y la paz en cada una sus decisiones que deben tomar en bien de la comunidad.
Celebremos juntos en respeto y en el amor de Dios. "Viva Chile". Leer más...
viernes, 10 de septiembre de 2010
¿Ha nacido usted de nuevo?
Jesucristo dijo, “El que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de
Dios” (Juan 3:3). Esta es una de las cuestiones más importantes en la
vida de todo ser humano.
No es suficiente responder “Soy miembro de una iglesia; supongo que
soy cristiano”. Miles de cristianos nominales no muestran señal alguna
de haber nacido de nuevo, las cuales se mencionan en las Sagradas
Escrituras, principalmente en la Primera Epístola de Juan.No practica el pecado
En primer lugar, el apóstol Juan escribió: “Todo aquel que es nacido de
Dios no comete pecado” (1 Juan 3:9). “Todo aquel que ha nacido de Dios
no practica el pecado” (5:18).
Aquella persona que ha nacido de nuevo, que ha sido regenerada,
habitualmente no comete pecado. No exhibe una inclinación total hacia el
pecado. Probablemente hubo algún tiempo en que dicha persona no se
detenía a pensar si sus acciones eran pecaminosas o no, y no siempre
sentía aflicción tras hacer el mal. No había una lucha entre el y el pecado;
ambos eran amigos. Pero un verdadero cristiano odia el pecado, huye de
el, lucha en su contra, lo considera su mayor calamidad, resiente la carga
de su presencia, sufre cuando cae bajo su influencia, y anhela liberarse
completamente de el. El pecado ya no le place; se ha convertido en algo
horrible y que odia. Sin embargo, no puede eliminar su presencia dentro
de el.
Si dijese que en él no hay pecado estaría mintiendo (1 Juan 1:8). Pero sí
puede decir que odia el pecado y que el mayor deseo de su alma es no
cometer pecado en absoluto. No puede evitar tener malos pensamientos,
omisiones y defectos tanto en sus palabras como en sus acciones. El
sabe que “en muchas cosas ofendemos” (Santiago 3:2). Pero puede decir
con certeza, delante de Dios, que estas cosas le ocasionan dolor y pena, y
que su ser no se complace en ellas. Que diría el apóstol de usted? Ha
nacido usted de nuevo?
Cree en Cristo
En segundo lugar, San Juan escribió: “Todo aquel que cree que Jesús es
el Cristo, es nacido de Dios” (1 Juan 5:1).
Un hombre que ha nacido de nuevo, que ha sido convertido, cree que
Jesucristo es el único Salvador que puede perdonar su alma, que El es la
persona divina designada por Dios Padre para dicho propósito, y que
fuera de El no hay salvación alguna. En sí mismo no encuentra valor
alguno. Pero tiene confianza plena en Cristo, en que todos sus pecados le
han sido perdonados. Puesto que ha aceptado la obra completa y muerte
de Cristo en la cruz, el cree que es considerado justo delante de Dios, y
puede esperar la muerte y el juicio final sin miedo.
Podrá tener temores y dudas. Inclusive decir que a veces siente como si
no tuviera fe en absoluto. Pero pregúntele si está dispuesto a confiar en
cualquier cosa o persona en vez de Cristo, y verá lo que le responderá.
Pregúntele si depositaría su esperanza de vida eterna en su propia
bondad, sus propias obras, sus oraciones, su guía espiritual, o su iglesia,
y escuche su respuesta. Que diría el apóstol de usted? Ha nacido usted
de nuevo?
Hace justicia
En tercer lugar, Juan escribió: “Todo el que hace justicia es nacido de El”
(1 Juan 2:29).
El hombre que ha nacido de nuevo, o se ha regenerado, es un hombre
santo. El busca vivir acorde a la voluntad de Dios, hacer las cosas que
agradan a Dios y evitar aquellas que Dios aborrece. El desea mirar
continuamente a Cristo como ejemplo a seguir y como su Salvador, y
demostrar ser su amigo guardando sus mandamientos. El sabe que no es
perfecto. Es consciente de su corrupción inherente. Percibe un principio
de maldad dentro de si mismo que lucha constantemente por separarle de
la gracia de Dios. Pero el no lo consiente, aunque no puede prevenir su
presencia.
Aunque a veces puede sentirse tan despreciable al punto de cuestionarse
si en verdad es cristiano o no, aun así será capaz de decir, como John
Newton, “no soy lo que debería ser, no soy lo que quiero ser, no soy lo
que espero ser en otro mundo; pero aun así no soy lo que fui alguna vez,
y por gracia de Dios soy lo que soy”. Que diría el apóstol de usted? Ha
nacido usted de nuevo?
Ama a otros cristianos
En cuarto lugar, Juan escribió: “Nosotros sabemos que hemos pasado de
muerte a vida en que amamos a los hermanos” (1 Juan 3:14).
Un hombre que ha nacido de nuevo tiene un amor especial por todos los
discípulos verdaderos de Cristo. Ama a todos los seres humanos con
gran amor general, pero tiene un amor especial por quienes comparten su
fe en Cristo. Al igual que su Señor y Salvador, el ama a los peores
pecadores y se aflige por ellos; pero el siente un amor peculiar por
aquellos que son creyentes. Nunca se siente tanto en casa como cuando
se encuentra en su compañía.
El los considera a todos como miembros de una misma familia. Son sus
compañeros de batalla, luchando contra el mismo enemigo. Son sus
compañeros de viaje, marchando a lo largo del mismo camino. El los
comprende, y ellos lo comprenden. Podrían ser muy diferentes a el en
muchos sentidos - en rango, en riqueza. Pero eso no importa. Ellos son
hijos e hijas de su Padre y el no puede evitar amarlos. Que diría el apóstol
de usted? Ha nacido usted de nuevo?
Vence al mundo
En quinto lugar, Juan escribió: “Todo lo que es nacido de Dios vence al
mundo” (1 Juan 5:4).
Un hombre que ha nacido de nuevo es cuidadoso de su propia alma. No
solo intenta evitar el pecado sino también todo aquello que pueda
conducirle a el. Es cuidadoso respecto a quienes le acompañan. El sabe
que la comunicación perversa corrompe el corazón y que la maldad atrae
más que la bondad, así como la enfermedad es más contagiosa que la
salud. Es cuidadoso sobre el empleo de su tiempo; su principal deseo es
usarlo en forma provechosa.
El desea vivir como un soldado en país enemigo - portando su armadura
en forma continua y siempre preparado para las tentaciones. Es diligente
siendo un hombre de oración, vigilante y humilde. Que diría el apóstol de
usted? Ha nacido usted de nuevo?
La Prueba
Estas son las cinco características principales de un cristiano que ha
nacido de nuevo.
La notoriedad de las mismas es muy variable entre diferentes personas.
En algunas apenas son perceptibles. En otras son muy marcadas,
inequívocas, de tal manera que todos pueden percatarse de ellas.
Algunas de estas características sobresalen más que otras en diferentes
individuos. Es raro que sean igualmente evidentes en cualquier persona.
Pero aun después de tomar en cuenta posibles diferencias, tenemos aquí
cinco aspectos que marcan a un sujeto que ha nacido de Dios.
Como debemos reaccionar ante estas cuestiones? Lógicamente solo
podemos concluir una cosa - sólo aquellos que han nacido de nuevo
muestran estas cinco características, y quienes no las tienen no han
nacido de nuevo. Esta es la conclusión a la cual el apóstol nos quiere
hacer llegar. Posee usted estas características? Ha nacido usted de
nuevo?.
J. C. Ryle Leer más...
Dios” (Juan 3:3). Esta es una de las cuestiones más importantes en la
vida de todo ser humano.
No es suficiente responder “Soy miembro de una iglesia; supongo que
soy cristiano”. Miles de cristianos nominales no muestran señal alguna
de haber nacido de nuevo, las cuales se mencionan en las Sagradas
Escrituras, principalmente en la Primera Epístola de Juan.No practica el pecado
En primer lugar, el apóstol Juan escribió: “Todo aquel que es nacido de
Dios no comete pecado” (1 Juan 3:9). “Todo aquel que ha nacido de Dios
no practica el pecado” (5:18).
Aquella persona que ha nacido de nuevo, que ha sido regenerada,
habitualmente no comete pecado. No exhibe una inclinación total hacia el
pecado. Probablemente hubo algún tiempo en que dicha persona no se
detenía a pensar si sus acciones eran pecaminosas o no, y no siempre
sentía aflicción tras hacer el mal. No había una lucha entre el y el pecado;
ambos eran amigos. Pero un verdadero cristiano odia el pecado, huye de
el, lucha en su contra, lo considera su mayor calamidad, resiente la carga
de su presencia, sufre cuando cae bajo su influencia, y anhela liberarse
completamente de el. El pecado ya no le place; se ha convertido en algo
horrible y que odia. Sin embargo, no puede eliminar su presencia dentro
de el.
Si dijese que en él no hay pecado estaría mintiendo (1 Juan 1:8). Pero sí
puede decir que odia el pecado y que el mayor deseo de su alma es no
cometer pecado en absoluto. No puede evitar tener malos pensamientos,
omisiones y defectos tanto en sus palabras como en sus acciones. El
sabe que “en muchas cosas ofendemos” (Santiago 3:2). Pero puede decir
con certeza, delante de Dios, que estas cosas le ocasionan dolor y pena, y
que su ser no se complace en ellas. Que diría el apóstol de usted? Ha
nacido usted de nuevo?
Cree en Cristo
En segundo lugar, San Juan escribió: “Todo aquel que cree que Jesús es
el Cristo, es nacido de Dios” (1 Juan 5:1).
Un hombre que ha nacido de nuevo, que ha sido convertido, cree que
Jesucristo es el único Salvador que puede perdonar su alma, que El es la
persona divina designada por Dios Padre para dicho propósito, y que
fuera de El no hay salvación alguna. En sí mismo no encuentra valor
alguno. Pero tiene confianza plena en Cristo, en que todos sus pecados le
han sido perdonados. Puesto que ha aceptado la obra completa y muerte
de Cristo en la cruz, el cree que es considerado justo delante de Dios, y
puede esperar la muerte y el juicio final sin miedo.
Podrá tener temores y dudas. Inclusive decir que a veces siente como si
no tuviera fe en absoluto. Pero pregúntele si está dispuesto a confiar en
cualquier cosa o persona en vez de Cristo, y verá lo que le responderá.
Pregúntele si depositaría su esperanza de vida eterna en su propia
bondad, sus propias obras, sus oraciones, su guía espiritual, o su iglesia,
y escuche su respuesta. Que diría el apóstol de usted? Ha nacido usted
de nuevo?
Hace justicia
En tercer lugar, Juan escribió: “Todo el que hace justicia es nacido de El”
(1 Juan 2:29).
El hombre que ha nacido de nuevo, o se ha regenerado, es un hombre
santo. El busca vivir acorde a la voluntad de Dios, hacer las cosas que
agradan a Dios y evitar aquellas que Dios aborrece. El desea mirar
continuamente a Cristo como ejemplo a seguir y como su Salvador, y
demostrar ser su amigo guardando sus mandamientos. El sabe que no es
perfecto. Es consciente de su corrupción inherente. Percibe un principio
de maldad dentro de si mismo que lucha constantemente por separarle de
la gracia de Dios. Pero el no lo consiente, aunque no puede prevenir su
presencia.
Aunque a veces puede sentirse tan despreciable al punto de cuestionarse
si en verdad es cristiano o no, aun así será capaz de decir, como John
Newton, “no soy lo que debería ser, no soy lo que quiero ser, no soy lo
que espero ser en otro mundo; pero aun así no soy lo que fui alguna vez,
y por gracia de Dios soy lo que soy”. Que diría el apóstol de usted? Ha
nacido usted de nuevo?
Ama a otros cristianos
En cuarto lugar, Juan escribió: “Nosotros sabemos que hemos pasado de
muerte a vida en que amamos a los hermanos” (1 Juan 3:14).
Un hombre que ha nacido de nuevo tiene un amor especial por todos los
discípulos verdaderos de Cristo. Ama a todos los seres humanos con
gran amor general, pero tiene un amor especial por quienes comparten su
fe en Cristo. Al igual que su Señor y Salvador, el ama a los peores
pecadores y se aflige por ellos; pero el siente un amor peculiar por
aquellos que son creyentes. Nunca se siente tanto en casa como cuando
se encuentra en su compañía.
El los considera a todos como miembros de una misma familia. Son sus
compañeros de batalla, luchando contra el mismo enemigo. Son sus
compañeros de viaje, marchando a lo largo del mismo camino. El los
comprende, y ellos lo comprenden. Podrían ser muy diferentes a el en
muchos sentidos - en rango, en riqueza. Pero eso no importa. Ellos son
hijos e hijas de su Padre y el no puede evitar amarlos. Que diría el apóstol
de usted? Ha nacido usted de nuevo?
Vence al mundo
En quinto lugar, Juan escribió: “Todo lo que es nacido de Dios vence al
mundo” (1 Juan 5:4).
Un hombre que ha nacido de nuevo es cuidadoso de su propia alma. No
solo intenta evitar el pecado sino también todo aquello que pueda
conducirle a el. Es cuidadoso respecto a quienes le acompañan. El sabe
que la comunicación perversa corrompe el corazón y que la maldad atrae
más que la bondad, así como la enfermedad es más contagiosa que la
salud. Es cuidadoso sobre el empleo de su tiempo; su principal deseo es
usarlo en forma provechosa.
El desea vivir como un soldado en país enemigo - portando su armadura
en forma continua y siempre preparado para las tentaciones. Es diligente
siendo un hombre de oración, vigilante y humilde. Que diría el apóstol de
usted? Ha nacido usted de nuevo?
La Prueba
Estas son las cinco características principales de un cristiano que ha
nacido de nuevo.
La notoriedad de las mismas es muy variable entre diferentes personas.
En algunas apenas son perceptibles. En otras son muy marcadas,
inequívocas, de tal manera que todos pueden percatarse de ellas.
Algunas de estas características sobresalen más que otras en diferentes
individuos. Es raro que sean igualmente evidentes en cualquier persona.
Pero aun después de tomar en cuenta posibles diferencias, tenemos aquí
cinco aspectos que marcan a un sujeto que ha nacido de Dios.
Como debemos reaccionar ante estas cuestiones? Lógicamente solo
podemos concluir una cosa - sólo aquellos que han nacido de nuevo
muestran estas cinco características, y quienes no las tienen no han
nacido de nuevo. Esta es la conclusión a la cual el apóstol nos quiere
hacer llegar. Posee usted estas características? Ha nacido usted de
nuevo?.
J. C. Ryle Leer más...
martes, 7 de septiembre de 2010
Dios es amor
"Una de las cosas más espantosas registradas por la historia, es el sitio de Jerusalén. No dudo de que ustedes ya lo han leído, ya sea en Josefo o en cualquier otra parte. Simplemente al pensar en eso se hiela la sangre. Sin embargo, todo fue predicho por los profetas y sus profecías se cumplieron hasta su amargo fin. Ustedes hablan acerca de Dios como "amor," y si quieren decir con eso que Él no es severo con el castigo del pecado, yo les pregunto qué entienden ustedes en lo referente a la destrucción de Jerusalén. Recuerden que los judíos constituían Su nación elegida, y que la ciudad de Jerusalén era el lugar en el que Su templo había sido glorificado con Su presencia. Hermanos, si ustedes vagan desde Edom hasta Sion, y desde Sion hasta Sidón, y de Sidón a Moab, encontrarán en medio de ciudades arruinadas las evidencias que comprueban que las palabras de Dios sobre juicios son ciertas. Entonces pueden estar completamente seguros de que cuando Jesús dice: "E irán éstos al castigo eterno," así será. Cuando dice: "Porque si no creéis que yo soy, en vuestros pecados moriréis," así será. El Señor nunca juega a atemorizar a los hombres. Su Palabra no es una exageración para asustar a los hombres con espectros imaginarios. Hay una verdad enfática en lo que el Señor dice. Él siempre ha cumplido Sus amenazas al pie de la letra, y en el instante preciso; y pueden estar seguros de que continuará haciéndolo: "Porque la boca de Jehová lo ha dicho."
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Nuestra palabra
¡Oh! Bendito es ese hombre para quien nuestro Evangelio llega con el Espíritu Santo. Amados, no nos admira si las personas se burlan del Evangelio en sí mismo, o si otros lo oyen y no son conmovidos por él, porque el Evangelio en sí mismo es como una espada sin el brazo de un guerrero que la sostenga. Pero cuando el Espíritu de Dios viene, el hombre ya no duda más. Es cuando Él coloca la verdad en el corazón (de manera que alma y espíritu, articulación y médula, se sumergen en ella) que los hombres son convencidos, convertidos, salvos, y la verdad es para ellos ciertamente una cosa viva. Rueguen, oh amados miembros de esta iglesia, rueguen porque la palabra de Dios, nuestro evangelio, pueda venir en el Espíritu Santo.Esto saldra en la pagina al pulsar leer mas
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Deseos del pastor
¡Oh! Cuán feliz sería cualquier pastor cuyo pueblo fuera tan piadoso, tan unido, tan generoso, tan perseverante, tan devoto, tan lleno de fe y del Espíritu Santo, que por todos lados se hablara de ellos, y por ellos, por su conducta, la Palabra de Dios resonara en otras partes. Asegúrense de eso, hermanos míos, asegúrense de eso. Dios nos ha colocado donde somos observados por muchos. Denles algo para observar que sea valioso. Con los ojos de una multitud de testigos sobre nosotros, corramos con paciencia la carrera que nos es asignada.
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El sacerdocio de los creyentes
Yo sé que es un error común pensar que no puedes servir a Dios, a menos que te subas a un púlpito, o asistas a una reunión de oración. ¡Tonterías! Tú puedes servir a Dios, verdaderamente, detrás del mostrador y en el cuarto de trabajo; puedes servir a Dios cuando cavas una zanja, o recortas un vallado. Yo creo que Dios es servido, con frecuencia, por el sastre o el zapatero que están conscientes de su llamado, de la misma manera que es servido por obispos y arzobispos, o por hombres de cualquier iglesia en el mundo. De cualquier manera, si tú no puedes servir a Dios en todo lo que haces, tienes la necesidad de pedir que se te enseñe el secreto de la vida cristiana, pues ese secreto es la consagración de todo a JesucristoEsto saldra en la pagina al pulsar leer mas
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