Así, también, necesitan ser advertidas ciertas personas que siempre son dadas a curiosas especulaciones. Cuando leen la Biblia no es para descubrir si son salvas o no, sino para saber si estamos bajo la tercera o la cuarta copas, cuándo ha de tener lugar el milenio, o qué cosa es la batalla de Armagedón.
Ah, amigo, escudriña todas estas cosas si tienes el tiempo y la habilidad, pero ocúpate primero de tu salvación. Bienaventurado el que entiende el libro del Apocalipsis; con todo, antes que nada, entiende ésto: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo”. El más brillante doctor en los símbolos y misterios del Apocalipsis será echado fuera tan ciertamente como el más ignorante, a menos que haya venido a Cristo y haya apoyado su alma sobre la obra expiatoria de nuestro grandioso Sustituto.
C.H. Spurgeon.
Leer más...
Iglesia Metodista Pentecostal de Chile Talagante
Bienvenidos al Blog de la Iglesia Metodista Pentecostal de Chile en Talagante
Nuestra iglesia está ubicada en la calle San francisco 812 (frente a la comisaría de carabineros), en la comuna de Talagante. Más información mirar sección Links de intéres.
viernes, 5 de noviembre de 2010
martes, 2 de noviembre de 2010
Atraer al no creyente
El mundo ha entrado en la Iglesia y la Iglesia se ha vuelto mundana. La línea divisoria no se ve tan clara como antes. Hubo épocas en que la distinción era patente, y esas han sido siempre las eras más gloriosas en la historia de la Iglesia.
Conocemos, sin embargo, los argumentos que se han alegado. Se nos ha dicho que tenemos que hacer a la Iglesia atractiva para el no cristiano, y la idea consiste en asemejarse lo más posible a él. Durante la primera guerra mundial hubo capellanes muy populares, que se mezclaban con los soldados, fumaban con ellos, y hacían muchas cosas que sus hombres hacían para animarlos. Algunos pensaban que, como consecuencia de ello, una vez que la guerra terminara, los excombatientes llenarían las iglesias. Pero no sucedió así, y nunca ha sido este el resultado. La gloria del evangelio es que cuando la Iglesia es completamente distinta del mundo, nunca deja de atraerlo. Entonces hace que el mundo escuche su mensaje, si bien al comienzo quizá lo odie. Así llegan los avivamientos. Lo mismo debe ocurrir en el caso nuestro como individuos. No debería ser nuestra ambición parecemos lo más posible a los demás, aunque seamos cristianos, sino ser lo más distintos posible de todo el que no es cristiano. Nuestra ambición debería ser asemejarnos a Cristo, cuanto más mejor, y cuanto más nos asemejemos a El, tanto menos parecidos seremos a los no cristianos.
Permítanme explicarles esto en detalle. El cristiano y el no cristiano son absolutamente diferentes en lo que admiran. El cristiano admira al que es 'pobre en espíritu,' en tanto que los filósofos griegos tenían en menos a tal persona, y todos los que siguen la filosofía griega, ya sea intelectualmente, ya en la práctica, siguen haciendo exactamente lo mismo. Lo que el mundo dice acerca del verdadero cristiano es que es un pusilánime, poco hombre. Esto es lo que dicen.
El mundo cree en la confianza en sí mismo, en seguir los instintos, en dominar la vida, el cristiano cree en ser 'pobre en espíritu.' Pasemos a los periódicos para ver la clase de persona que el mundo admira. Nunca encontraremos nada que se parezca menos a las Bienaventuranzas que lo que atrae al hombre natural y de mundo. Lo que despierta su admiración es la antítesis misma de lo que encontramos en este Sermón. Al hombre natural le gusta la ostentación, cuando esto es precisamente lo que las Bienaventuranzas condenan.
Luego también, como es lógico, difieren en lo que buscan. 'Bienaventurados los que tienen hambre y sed.' ¿De qué? ¿De dinero, riqueza, posición, social, publicidad? De ningún modo. 'De justicia.' Y justicia es ser justo delante de Dios. Tomemos a un hombre cualquiera que no se considere cristiano y que no se interese por el cristianismo. Averigüemos lo que busca y desea, y veremos que siempre es diferente de esto.
Luego, desde luego, difieren por completo en lo que hacen. Esto es una consecuencia necesaria. Si admiran y buscan cosas diferentes, sin duda que hacen cosas diferentes. La consecuencia es que la vida que el cristiano viva debe ser esencialmente diferente de la que vive el no cristiano. El no cristiano es absolutamente consecuente consigo mismo. Dice que vive para este mundo. 'Este,' dice, 'es el único mundo, y voy a sacarle todo el provecho que pueda.' El cristiano, en cambio, comienza por decir que no vive para este mundo; considera a este mundo sólo como camino de paso para entrar en algo eterno y glorioso. Toda su perspectiva y ambición son diferentes. Siente, por lo tanto, que debe vivir de un modo diferente. Así como el hombre mundano es consecuente consigo mismo, así también el cristiano debería serlo. Si lo es, será muy diferente del otro hombre; no puede sino ser así. Pedro lo dice muy bien en el capítulo segundo de su primera Carta cuando afirma que si creemos de verdad que hemos sido llamados 'de las tinieblas a su luz admirable', debemos creer que esto nos ha sucedido a fin de que podamos alabarlo con nuestra vida. Y afirma luego: 'Os ruego como a extranjeros y peregrinos (los que están en este mundo), que os abstengáis de los deseos carnales que batallan contra el alma, manteniendo buena vuestra manera de vivir entre los gentiles; para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, glorifiquen a Dios en el día de la visitación, al considerar vuestras buenas obras' (1 P. 2:11,12). No hace más que recurrir a su sentido de la lógica.
Otra diferencia esencial entre los hombres estriba en lo que creen que pueden hacer. El hombre mundano confía mucho en su propia capacidad y está listo a hacer cualquier cosa. El cristiano es un hombre, el único hombre en el mundo, que está verdaderamente consciente de sus limitaciones.
Dr Martin Lloyd-Jones Leer más...
Conocemos, sin embargo, los argumentos que se han alegado. Se nos ha dicho que tenemos que hacer a la Iglesia atractiva para el no cristiano, y la idea consiste en asemejarse lo más posible a él. Durante la primera guerra mundial hubo capellanes muy populares, que se mezclaban con los soldados, fumaban con ellos, y hacían muchas cosas que sus hombres hacían para animarlos. Algunos pensaban que, como consecuencia de ello, una vez que la guerra terminara, los excombatientes llenarían las iglesias. Pero no sucedió así, y nunca ha sido este el resultado. La gloria del evangelio es que cuando la Iglesia es completamente distinta del mundo, nunca deja de atraerlo. Entonces hace que el mundo escuche su mensaje, si bien al comienzo quizá lo odie. Así llegan los avivamientos. Lo mismo debe ocurrir en el caso nuestro como individuos. No debería ser nuestra ambición parecemos lo más posible a los demás, aunque seamos cristianos, sino ser lo más distintos posible de todo el que no es cristiano. Nuestra ambición debería ser asemejarnos a Cristo, cuanto más mejor, y cuanto más nos asemejemos a El, tanto menos parecidos seremos a los no cristianos.
Permítanme explicarles esto en detalle. El cristiano y el no cristiano son absolutamente diferentes en lo que admiran. El cristiano admira al que es 'pobre en espíritu,' en tanto que los filósofos griegos tenían en menos a tal persona, y todos los que siguen la filosofía griega, ya sea intelectualmente, ya en la práctica, siguen haciendo exactamente lo mismo. Lo que el mundo dice acerca del verdadero cristiano es que es un pusilánime, poco hombre. Esto es lo que dicen.
El mundo cree en la confianza en sí mismo, en seguir los instintos, en dominar la vida, el cristiano cree en ser 'pobre en espíritu.' Pasemos a los periódicos para ver la clase de persona que el mundo admira. Nunca encontraremos nada que se parezca menos a las Bienaventuranzas que lo que atrae al hombre natural y de mundo. Lo que despierta su admiración es la antítesis misma de lo que encontramos en este Sermón. Al hombre natural le gusta la ostentación, cuando esto es precisamente lo que las Bienaventuranzas condenan.
Luego también, como es lógico, difieren en lo que buscan. 'Bienaventurados los que tienen hambre y sed.' ¿De qué? ¿De dinero, riqueza, posición, social, publicidad? De ningún modo. 'De justicia.' Y justicia es ser justo delante de Dios. Tomemos a un hombre cualquiera que no se considere cristiano y que no se interese por el cristianismo. Averigüemos lo que busca y desea, y veremos que siempre es diferente de esto.
Luego, desde luego, difieren por completo en lo que hacen. Esto es una consecuencia necesaria. Si admiran y buscan cosas diferentes, sin duda que hacen cosas diferentes. La consecuencia es que la vida que el cristiano viva debe ser esencialmente diferente de la que vive el no cristiano. El no cristiano es absolutamente consecuente consigo mismo. Dice que vive para este mundo. 'Este,' dice, 'es el único mundo, y voy a sacarle todo el provecho que pueda.' El cristiano, en cambio, comienza por decir que no vive para este mundo; considera a este mundo sólo como camino de paso para entrar en algo eterno y glorioso. Toda su perspectiva y ambición son diferentes. Siente, por lo tanto, que debe vivir de un modo diferente. Así como el hombre mundano es consecuente consigo mismo, así también el cristiano debería serlo. Si lo es, será muy diferente del otro hombre; no puede sino ser así. Pedro lo dice muy bien en el capítulo segundo de su primera Carta cuando afirma que si creemos de verdad que hemos sido llamados 'de las tinieblas a su luz admirable', debemos creer que esto nos ha sucedido a fin de que podamos alabarlo con nuestra vida. Y afirma luego: 'Os ruego como a extranjeros y peregrinos (los que están en este mundo), que os abstengáis de los deseos carnales que batallan contra el alma, manteniendo buena vuestra manera de vivir entre los gentiles; para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, glorifiquen a Dios en el día de la visitación, al considerar vuestras buenas obras' (1 P. 2:11,12). No hace más que recurrir a su sentido de la lógica.
Otra diferencia esencial entre los hombres estriba en lo que creen que pueden hacer. El hombre mundano confía mucho en su propia capacidad y está listo a hacer cualquier cosa. El cristiano es un hombre, el único hombre en el mundo, que está verdaderamente consciente de sus limitaciones.
Dr Martin Lloyd-Jones Leer más...
Canonización y Bienaventuranzas
Creo que debemos todos estar de acuerdo en la fatal tendencia que la Iglesia Católica introdujo, y de hecho todos los grupos de la Iglesia que gustan en emplear el término 'Católico', es la de dividir a los cristianos en dos grupos - los religiosos y los laicos, los cristianos excepcionales y los cristianos ordinarios, el que hace de la vida cristiana su vocación y el que se dedica a los asuntos del mundo. Esta tendencia no es sólo por completo antibíblica; en última instancia destruye la verdadera piedad, y es de muchos modos la negación del evangelio de nuestro Señor Jesucristo. En la Biblia no se encuentra semejante distinción. Se distingue entre oficios - apóstoles, profetas, maestros, pastores, evangelistas, y así sucesivamente.
Voy a decirlo de otra manera. Es la Iglesia Católica la que canoniza a ciertas personas, no el Nuevo Testamento. Lean la introducción a casi cualquier Carta del Nuevo Testamento y verán que se dirige a todos los creyentes como en la Carta a la Iglesia de Corinto, 'llamados a ser santos'. Todos son 'canonizados', si quieren utilizar este término, no sólo algunos cristianos. La idea de que esta altura de la vida cristiana es sólo para unos pocos escogidos, y de que el resto hemos de vivir en las monótonas llanuras, es una negación completa del Sermón del Monte, y de las Bienaventuranzas en particular. Todos hemos de ser ejemplos de todo lo que se contiene en estas Bienaventuranzas. Por consiguiente descartemos de una vez por toda esta idea falsa.
No es tan sólo una descripción de los Hudson Taylors o de los George Müllers o de los Whitefields o Wesleys de este mundo; es una descripción de todos los cristianos.
Todos nosotros hemos de conformarnos a sus pautas y elevarnos a la norma que
establece.
Dr. Martin Lloyd-Jones Leer más...
Voy a decirlo de otra manera. Es la Iglesia Católica la que canoniza a ciertas personas, no el Nuevo Testamento. Lean la introducción a casi cualquier Carta del Nuevo Testamento y verán que se dirige a todos los creyentes como en la Carta a la Iglesia de Corinto, 'llamados a ser santos'. Todos son 'canonizados', si quieren utilizar este término, no sólo algunos cristianos. La idea de que esta altura de la vida cristiana es sólo para unos pocos escogidos, y de que el resto hemos de vivir en las monótonas llanuras, es una negación completa del Sermón del Monte, y de las Bienaventuranzas en particular. Todos hemos de ser ejemplos de todo lo que se contiene en estas Bienaventuranzas. Por consiguiente descartemos de una vez por toda esta idea falsa.
No es tan sólo una descripción de los Hudson Taylors o de los George Müllers o de los Whitefields o Wesleys de este mundo; es una descripción de todos los cristianos.
Todos nosotros hemos de conformarnos a sus pautas y elevarnos a la norma que
establece.
Dr. Martin Lloyd-Jones Leer más...
miércoles, 29 de septiembre de 2010
Aniversario de nuestra iglesia
Recuerden que nuestra iglesia en el proximo mes de Octubre cumple 10 años de vida aqui en Talagante.
Leer más...
Avisos hermanos voluintarios
El sabado 5 de octubre viajan nuestros hermanos voluntarios a la comuna de lo Prado a las 15.00 horas a un encuentro de voluntarios correspondiente al sector 7.
Esto saldra en la pagina al pulsar leer mas Leer más...
Esto saldra en la pagina al pulsar leer mas Leer más...
martes, 21 de septiembre de 2010
La Doctrina de la Justificación por Fe
¿Cuál es el significado de justificación? Los teólogos los confundirán, si les preguntan. Voy a hacer mi mejor esfuerzo para explicar la justificación de manera sencilla y simple, para que me entienda inclusive un niñoNo hay tal cosa como una justificación que pueda ser obtenida en la tierra por los hombres, excepto de una sola manera.
La justificación, ustedes saben, es un término forense; siempre es empleado en un sentido legal. Un prisionero es traído al tribunal de justicia para ser juzgado. Sólo hay una forma en que ese prisionero puede ser justificado; esto es, no debe ser encontrado culpable; y si no es encontrado culpable, entonces es justificado: esto es, se ha demostrado que es un hombre justo. Si ese hombre es encontrado culpable, no puede ser justificado. La Reina puede perdonarlo, pero ella no puede justificarlo. Sus hechos no son justificables, si fuera culpable de ellos; y él no puede ser justificado por ellos. Puede ser perdonado; pero ni la realeza misma podría jamás lavar el carácter de ese hombre. Es tan criminal cuando es perdonado como lo era antes de ser perdonado. No hay ningún medio entre los hombres de justificar a un hombre de una acusación que es levantada en su contra, excepto cuando se demuestra que no es culpable. Ahora, la maravilla de maravillas es que se ha demostrado que somos culpables, y sin embargo somos justificados: se ha leído el veredicto en contra nuestra de: culpables; y sin embargo, a pesar de ello, somos justificados. ¿Podría algún tribunal terrenal hacer eso? No, la redención de Cristo logró eso que es una imposibilidad para cualquier tribunal de la tierra.
Todos nosotros somos culpables. Lean el versículo 23 que precede inmediatamente al texto: "por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios." Allí es presentado el veredicto de culpables, y sin embargo inmediatamente después se dice que somos justificados gratuitamente por Su gracia.Ahora, permítanme explicarles cómo justifica Dios al pecador. Voy a suponer un caso imposible. Un prisionero ha sido juzgado y condenado a muerte. Él es un hombre culpable; él no puede ser justificado porque es culpable. Pero ahora, supongan por un momento que pudiera ocurrir algo así: que alguien más pudiera participar, y que pudiera asumir toda la culpa de ese hombre, que pudiera ponerse en su lugar y por algún proceso misterioso, que por supuesto es imposible entre los hombres, se convirtiera en ese hombre; o tomara sobre sí el carácter de ese hombre; él, el hombre justo, pone al rebelde en su lugar, y convierte al rebelde en un hombre justo. Nosotros no podemos hacer eso en nuestras cortes. Si yo me presentara ante un juez, y él decidiera que debe encarcelarme durante un año en vez de un desgraciado que fue condenado ayer a un año de prisión, yo no podría asumir su culpa. Podría sufrir su castigo, pero no podría llevar su culpa. Ahora, lo que la carne y la sangre no pueden hacer, eso hizo Jesucristo mediante Su redención.
Aquí estoy yo, el pecador. Yo me refiero a mí mismo como representando a todos ustedes. Estoy condenado a muerte. Dios dice: "Voy a condenar a ese hombre; debo, quiero y lo voy a castigar." Cristo interviene, me hace a un lado, y se pone en mi lugar. Cuando se pide que hable el reo, Cristo dice: "Culpable;" y hace que mi culpa sea suya. Cuando se va a aplicar el castigo, Cristo se presenta. Dice: "castígame a Mí," "he puesto mi justicia en ese hombre, y Yo he tomado sobre Mí los pecados de ese hombre. Padre, castígame a Mí y considera a ese hombre como si fuera Yo. Deja que él reine en el cielo; y que yo sufra sus miserias. Déjame que Yo soporte su maldición, y que él reciba mi bendición." Esta maravillosa doctrina del intercambio de lugares entre Cristo y los pobres pecadores, es una doctrina de revelación, pues no habría podido ser concebida por la naturaleza humana.
Permítanme que lo explique de nuevo, no sea que no quedó muy claro. La forma en que Dios salva a un pecador no es, como dicen algunos, ignorando el castigo. No; el castigo ha sido cumplido por completo. Es colocando a otra persona en el lugar del rebelde. El rebelde debe morir; Dios dice que debe morir. Cristo dice: "Yo seré el sustituto del rebelde. El rebelde tomará mi lugar y Yo tomaré el suyo." Dios consiente a esto. Ningún monarca de la tierra tendría poder para dar su consentimiento a un cambio así. Pero el Dios del cielo tenía el derecho de hacer lo que Él quisiera. En su infinita misericordia dio su beneplácito al arreglo. "Hijo de mi amor," dijo, "debes colocarte en el lugar del pecador; debes sufrir lo que correspondía sufrir a él; debes ser considerado culpable, tanto como él fue considerado culpable; y después voy a ver al pecador bajo otra luz. Lo veré como si fuera Cristo; lo aceptaré como si fuera mi unigénito Hijo, lleno de gracia y de verdad. Le daré una corona en el cielo y lo llevaré en Mi corazón por toda la eternidad." Esta es la forma en que somos salvados, "siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús."
Y ahora proseguimos a explicar algunas de las características de esta justificación. En el momento en que un pecador arrepentido es justificado, recuerden, él es justificado en relación a todos sus pecados. He aquí un hombre plenamente culpable. En el instante en que cree en Cristo, recibe su perdón de inmediato, y sus pecados ya no son más suyos; son arrojados a las profundidades del mar. Fueron puestos sobre los hombros de Cristo y han desaparecido. Ahora es un hombre justo a los ojos de Dios, y acepto en el Amado. "¡Cómo!", dicen, "¿quieres decir eso literalmente?" Así es, en efecto. Esa es la doctrina de la justificación por la fe.
Tomado de: La Justificación por Gracia, Sermón No.126 del Púlpito de la Capilla New Park Street.Charles Spurgeon Leer más...
La justificación, ustedes saben, es un término forense; siempre es empleado en un sentido legal. Un prisionero es traído al tribunal de justicia para ser juzgado. Sólo hay una forma en que ese prisionero puede ser justificado; esto es, no debe ser encontrado culpable; y si no es encontrado culpable, entonces es justificado: esto es, se ha demostrado que es un hombre justo. Si ese hombre es encontrado culpable, no puede ser justificado. La Reina puede perdonarlo, pero ella no puede justificarlo. Sus hechos no son justificables, si fuera culpable de ellos; y él no puede ser justificado por ellos. Puede ser perdonado; pero ni la realeza misma podría jamás lavar el carácter de ese hombre. Es tan criminal cuando es perdonado como lo era antes de ser perdonado. No hay ningún medio entre los hombres de justificar a un hombre de una acusación que es levantada en su contra, excepto cuando se demuestra que no es culpable. Ahora, la maravilla de maravillas es que se ha demostrado que somos culpables, y sin embargo somos justificados: se ha leído el veredicto en contra nuestra de: culpables; y sin embargo, a pesar de ello, somos justificados. ¿Podría algún tribunal terrenal hacer eso? No, la redención de Cristo logró eso que es una imposibilidad para cualquier tribunal de la tierra.
Todos nosotros somos culpables. Lean el versículo 23 que precede inmediatamente al texto: "por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios." Allí es presentado el veredicto de culpables, y sin embargo inmediatamente después se dice que somos justificados gratuitamente por Su gracia.Ahora, permítanme explicarles cómo justifica Dios al pecador. Voy a suponer un caso imposible. Un prisionero ha sido juzgado y condenado a muerte. Él es un hombre culpable; él no puede ser justificado porque es culpable. Pero ahora, supongan por un momento que pudiera ocurrir algo así: que alguien más pudiera participar, y que pudiera asumir toda la culpa de ese hombre, que pudiera ponerse en su lugar y por algún proceso misterioso, que por supuesto es imposible entre los hombres, se convirtiera en ese hombre; o tomara sobre sí el carácter de ese hombre; él, el hombre justo, pone al rebelde en su lugar, y convierte al rebelde en un hombre justo. Nosotros no podemos hacer eso en nuestras cortes. Si yo me presentara ante un juez, y él decidiera que debe encarcelarme durante un año en vez de un desgraciado que fue condenado ayer a un año de prisión, yo no podría asumir su culpa. Podría sufrir su castigo, pero no podría llevar su culpa. Ahora, lo que la carne y la sangre no pueden hacer, eso hizo Jesucristo mediante Su redención.
Aquí estoy yo, el pecador. Yo me refiero a mí mismo como representando a todos ustedes. Estoy condenado a muerte. Dios dice: "Voy a condenar a ese hombre; debo, quiero y lo voy a castigar." Cristo interviene, me hace a un lado, y se pone en mi lugar. Cuando se pide que hable el reo, Cristo dice: "Culpable;" y hace que mi culpa sea suya. Cuando se va a aplicar el castigo, Cristo se presenta. Dice: "castígame a Mí," "he puesto mi justicia en ese hombre, y Yo he tomado sobre Mí los pecados de ese hombre. Padre, castígame a Mí y considera a ese hombre como si fuera Yo. Deja que él reine en el cielo; y que yo sufra sus miserias. Déjame que Yo soporte su maldición, y que él reciba mi bendición." Esta maravillosa doctrina del intercambio de lugares entre Cristo y los pobres pecadores, es una doctrina de revelación, pues no habría podido ser concebida por la naturaleza humana.
Permítanme que lo explique de nuevo, no sea que no quedó muy claro. La forma en que Dios salva a un pecador no es, como dicen algunos, ignorando el castigo. No; el castigo ha sido cumplido por completo. Es colocando a otra persona en el lugar del rebelde. El rebelde debe morir; Dios dice que debe morir. Cristo dice: "Yo seré el sustituto del rebelde. El rebelde tomará mi lugar y Yo tomaré el suyo." Dios consiente a esto. Ningún monarca de la tierra tendría poder para dar su consentimiento a un cambio así. Pero el Dios del cielo tenía el derecho de hacer lo que Él quisiera. En su infinita misericordia dio su beneplácito al arreglo. "Hijo de mi amor," dijo, "debes colocarte en el lugar del pecador; debes sufrir lo que correspondía sufrir a él; debes ser considerado culpable, tanto como él fue considerado culpable; y después voy a ver al pecador bajo otra luz. Lo veré como si fuera Cristo; lo aceptaré como si fuera mi unigénito Hijo, lleno de gracia y de verdad. Le daré una corona en el cielo y lo llevaré en Mi corazón por toda la eternidad." Esta es la forma en que somos salvados, "siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús."
Y ahora proseguimos a explicar algunas de las características de esta justificación. En el momento en que un pecador arrepentido es justificado, recuerden, él es justificado en relación a todos sus pecados. He aquí un hombre plenamente culpable. En el instante en que cree en Cristo, recibe su perdón de inmediato, y sus pecados ya no son más suyos; son arrojados a las profundidades del mar. Fueron puestos sobre los hombros de Cristo y han desaparecido. Ahora es un hombre justo a los ojos de Dios, y acepto en el Amado. "¡Cómo!", dicen, "¿quieres decir eso literalmente?" Así es, en efecto. Esa es la doctrina de la justificación por la fe.
Tomado de: La Justificación por Gracia, Sermón No.126 del Púlpito de la Capilla New Park Street.Charles Spurgeon Leer más...
martes, 14 de septiembre de 2010
Articulo "Nuestro bicentenario" escrito por nuestro pastor en "El Talagantino"
Dios nos ha permitido nacer en una tierra generosa, recorrida por un mar y cordillera de norte a sur, vivmos en un lugar de privilegio todos los climas y paisajes naturales los encontramos en este hermoso y variado país.
Al recorrer nuestra historia, encontramos en nuestros antepasados, valores de espíritu muy profundo por ejemplo amor por el prójimo, amor por la tierra que les vio nacer y una visión muy especial de aproximación a valores supremos de creencia en su ser superior llamado Dios, en el cual depositaron su fe y confianza, proyectando valores de solidaridad y amor por nuestra tierra. Esta fe superior de la cual está empapada nuestra tierra nos ha permitido salir airosos de las grandes pruebas que la vida nos ha propuesto, con la ayuda del Dios todopoderoso vamos saliendo de un gran terremoto, unimos nuestras oraciones a las familias mineras del norte de nuestro país "Chile está vivo" somos una familia, hemos logrado superar nuestra diferencias, nos unimos en el dolor y en el triunfo; somos un país creyente y sensible, pertenecemos a una comuna pujante y visionaria: tenemos fe, amor y solidaridad muy especialmente por los que más sufren y juntos podemos decir ¡Mes de Septiembre, mes de la patria, bienvenido bicentenario¡ Y que el gran amor de Dios inunde cada espacio y rincón de Chile amado y conceda a nuestras autoridades la claridad y la paz en cada una sus decisiones que deben tomar en bien de la comunidad.
Celebremos juntos en respeto y en el amor de Dios. "Viva Chile". Leer más...
Al recorrer nuestra historia, encontramos en nuestros antepasados, valores de espíritu muy profundo por ejemplo amor por el prójimo, amor por la tierra que les vio nacer y una visión muy especial de aproximación a valores supremos de creencia en su ser superior llamado Dios, en el cual depositaron su fe y confianza, proyectando valores de solidaridad y amor por nuestra tierra. Esta fe superior de la cual está empapada nuestra tierra nos ha permitido salir airosos de las grandes pruebas que la vida nos ha propuesto, con la ayuda del Dios todopoderoso vamos saliendo de un gran terremoto, unimos nuestras oraciones a las familias mineras del norte de nuestro país "Chile está vivo" somos una familia, hemos logrado superar nuestra diferencias, nos unimos en el dolor y en el triunfo; somos un país creyente y sensible, pertenecemos a una comuna pujante y visionaria: tenemos fe, amor y solidaridad muy especialmente por los que más sufren y juntos podemos decir ¡Mes de Septiembre, mes de la patria, bienvenido bicentenario¡ Y que el gran amor de Dios inunde cada espacio y rincón de Chile amado y conceda a nuestras autoridades la claridad y la paz en cada una sus decisiones que deben tomar en bien de la comunidad.
Celebremos juntos en respeto y en el amor de Dios. "Viva Chile". Leer más...
Suscribirse a:
Entradas (Atom)